¡AY, MI MAZATLÁN!

  

¡AY, MI MAZATLÁN!

 


El suceso violento de la mañana del lunes pasado en un libramiento del sur del estado de Sinaloa donde una caravana de vehículos ocupados detuvo y desarmó a guardias nacionales plantea interrogantes que no han quedado del todo resueltas y quizá nunca lo sepamos:

¿Cuál sería el objetivo de un operativo que aparentemente no pasó del susto para los miembros de la Guardia Nacional que fueron interceptados?, acaso, ¿fue solo para desarmarlos y dejar un mensaje a los servicios de seguridad del estado? ¿qué grupo criminal lo realizó en absoluta impunidad? ¿ese grupo es interno o es la llegada de uno nuevo al estado y fue su acto simbólico de presentación?

¿Esta actuación tiene que ver con los sucesos violentos ocurridos en Mazatlán durante la Semana Santa y de Pascua o, más recientemente, la detención de un alto mando del CJNG en el puerto de Mazatlán? que llevó al alcalde de Mazatlán a decir a los periodistas de la fuente desafortunadamente y con una sonrisa de satisfacción que la estadía del presunto capo beneficia al destino turístico porque la llegada de delincuentes promociona al puerto como destino seguro. En definitiva, por esa distinción que le otorga el edil, ¿Mazatlán, estaría hoy en alerta roja?

La acumulación de hechos violentos después de una larga calma chicha debe ser motivo de preocupación para el gobernador y los responsables de la seguridad pública del estado. Algo, probablemente, debe estarse cocinando, para que quien en la oscuridad haya tomado la decisión de atorar y desarmar a los guardias nacionales durante uno de sus rondines rutinarios.

Quizá estos elementos nunca imaginaron que aquello sucedería y eso los paralizó, de manera que afortunadamente no se convirtió en una desgracia que lamentar.

En el reporte oficial no se mencionó que hubiere habido intercambio de disparos. Y, gracias, a la cámara de un tráiler nos enteramos de los sucesos que algunos pusieron en entredicho ipso facto sobre la veracidad del video que fue subido a las redes sociales.

Y, muy pronto, el titular de la secretaria de Seguridad Pública del estado confirmó los hechos ocurridos en el libramiento de Villa Unión y no hay precedente conocido de este tipo de acciones contra los guardias nacionales y eso debe provocar inmediatamente incertidumbre en una región que ha estado asediada intermitentemente desde hace varios años.

Si los autores de esta acción fueron los de casa algo está roto y si fueron los de fuera, alimenta la idea de que hay una disputa por la región que pasa por el sometimiento de las fuerzas de seguridad. Y peor, por la plaza de Mazatlán.

En el argot criminal es frecuente la recomendación interna de “no calentar la plaza”, manejar un bajo perfil mediático, no hacer ruido innecesario, pero, justamente, porque ahí radica la debilidad del “señor” de la plaza en lógica de negocios es una oportunidad para los grupos contrarios en proceso de expansión. Es decir, calentar la plaza, puede ser parte de una estrategia de penetración regional.

Y es ahí, donde podría entrar el levantamiento de los jóvenes de Monterrey, la muerte de un motociclista y el asesinato de otro más durante la Semana Santa y Semana de Pascua, más la detención del “vacacionista” del CJNG esta semana. 

Son muchos sucesos en tan poco tiempo que lindan con la frontera del crimen organizado. Y eso, no es una buena señal, para nuestro destino turístico por excelencia que está cambiando rápidamente. El de las torres y los negocios rápidos que tanto presume el alcalde sin percatarse del acompañamiento que provocan esa expansión en el mundo de los negocios.

Basta ver la deriva violenta que hoy tiene Cancún y Playa del Carmen que un día sí y otro también se estremece con hechos violentos incluidos los dirigidos a los visitantes que están en el lugar y el momento más equivocado de sus vidas.

Entonces, no habría que echar las campanas al vuelo, y verlo como una oportunidad generosa. Y menos si eso se ve en clave de futurismo político. La esencia del turismo de masas es el disfrute ocioso del tiempo libre. Y para que esto ocurra hay que garantizar la seguridad de los visitantes por su sensibilidad, incluso, fragilidad, como actividad económica. Un destino turístico que trasmite la percepción de inseguridad está en problemas.

Cierto, Mazatlán está de moda, no hay semana que no lleguen al puerto miles de automóviles de los estados limítrofes y cientos de autobuses turísticos, igual los vuelos y cruceros que regularmente llegan del interior y exterior del país, en fin, hay bonanza económica y pareciera que no afecta la percepción que se tiene del puerto y es que un turista promedio está pensando en como pasarlo bien en esos días de asueto, nunca, piensa, que el contexto de violencia pueda alcanzarlo.

Y es que no alcanza a la grandísima mayoría que llegan y se van contentos y bronceados como deseaban volver a sus casas, sin embargo, esa abstracción del contexto no alcanza a todos sobre todo cuando el mayor generador de turistas del mundo que es Estados Unidos de Norteamérica lanza advertencias de viaje y boletina estados que representan un riesgo adicional para sus connacionales.

Estados Unidos tiene hoy esas advertencias de viaje para varios estados del norte del país y hasta ahora, Sinaloa no aparece en ellas, lo cual es una buena noticia, sin embargo, no es para siempre y esas imágenes de violencia que transitan libremente en las redes sociales pueden convertirse en el insumo de las alertas internacionales.

Sabemos que la violencia criminal se maneja con secrecía en los niveles de gobierno y los ciudadanos estamos lejos de los motivos que se encuentran detrás de los hechos que mencionamos y es que pensando políticamente correcto, quizá, es información clasificada, insumo, para estrategias de combate al crimen organizado lo que lo justifica mediáticamente.

Pero, muchos, podrían estar cavilando sobre la impotencia de nuestro sistema de seguridad pública, tan costoso como ineficiente, que no está rindiendo frutos y lo peor es que en esa cavilación tampoco para el futuro inmediato, lo que podría terminar afectando la calidad del destino turístico por la percepción como un lugar donde pasan cada día más situaciones indeseables.

 

 

 

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