¿QUIÉN ATACA AL PERIODISMO?


 ¿QUIÉN ATACA AL PERIODISMO?

Me pregunto, como muchos ¿quién financia y cuál es la lógica que hay detrás de los ataques digitales intermitentes y abiertos contra los portales del diario Noroeste, la revista Espejo, periodistas profesionales, líderes de opinión y funcionarios del gobierno estatal sea través de anónimos o en forma abierta por plumas que tradicionalmente han estado al servicio de los intereses del grupo que controla la Universidad-partido?

¿A quién o a quiénes terminaría beneficiando o perjudicando ese propósito infame cada vez más estratégico, sofisticado, con una cartera de “clientes” más amplia, pero, aun con todos los recursos tecnológicos de que hace ostentación, no resultan convincentes y si no se le frena irá escalando conforme transcurran las campañas que iniciaran cuando aparezca este texto publicado?

¿Acaso sus promotores no se dan cuenta que esta campaña que reclama una gran cantidad de recursos económicos se puede transformar en un bumerán que podría terminar perjudicando a quién o quienes buscan proteger? o me pregunto ¿será, precisamente eso, que buscan afectar a su propio candidato? En esto de la política, la perversidad muchas veces solo tiene como límite, la máxima maquiavélica de que “el fin justifica los medios” y en esta contienda hay personajes dispuestos a todo con tal de ganar.

Son preguntas que asaltan a cualquier observador de la cosa pública sinaloense y que intentaremos responder a cada una de ellas con la información a la mano.

Primero, las campañas negras, sucias como un estercolero, no son nuevas en el paisaje sinaloense sino ya parte de su ADN. Vienen de lejos como ingrediente adicional a las campañas electorales y quizá, lo único novedoso, es que en este preámbulo a las elecciones constitucionales no se vaya contra uno o varios candidatos, sino contra medios, periodistas y funcionarios públicos. ¿Por qué? La única explicación a la vista es que estos ataques buscan provocar reacciones y generar atmosferas de animosidad mediática lo que afortunadamente no ha sucedido, más allá de algunas publicaciones y ahora un caso de robo de identidad, donde se ve involucrado un comunicador digital y está en manos de la fiscalía estatal.

Segundo, a simplemente vista y en clave de éxito electoral, los ataques no parecen tener sentido porque “calienta” el proceso electoral y “calentar” la atmosfera en clave racional, tendrá siempre como objetivo intimidar, distraer, denunciar o promover el distanciamiento de lo público. Salvo que lo que se busca es dejar la idea de que los promotores de los ataques cibernéticos y los personificados en redes sociales van abajo de las encuestas y tendría sentido, si no estuvieran a la vista personajes y medios digitales que en muchas ocasiones han hecho este tipo de trabajo sucio muy destacadamente contra el diario Noroeste y sus colaboradores.

Tercero, en lógica pura, una campaña de albañales perjudica la calidad de la elección porque utiliza recursos ilegales para enturbiar el ambiente y con unas autoridades -IEES, Vice fiscalía de lo electoral y tribunales jurisdiccionales- indiferentes e indolentes, ante la andanada de golpes que afortunadamente no ha pasado a mayores, como ya ocurre en otros estados de la federación, con hechos de sangre, y por ley hay quienes deberían estar buscando la fórmula para evitarlo.

En un escenario crispado cómo este podría estarse buscando, como ya señalamos, la reacción del medio periodístico con sus denuncias y a un mayor calentamiento de la atmosfera. Se estaría buscando inhibir la participación ciudadana. ¿A quién beneficia una baja participación el día de la jornada electoral? Bueno, pues, a quien llegará arriba al cierre de la campaña electoral, el que garantice una mayor cuota de voto duro. Y aquí hay de dos, una marca electoral que es la de Morena con los negativos del -PAS y una estructura política sustentada en un gobierno percibido como exitoso.  

Cuarto, la experiencia electoral ha demostrado que este tipo de campañas infames tienden a convertirse en un bumerán contra quienes las promueven, el caso más reciente es la campaña de descalificación al hoy presidente López Obrador, que terminó fastidiando a los ciudadanos y estos desechándola y votando masivamente a favor del candidato presidencial de la coalición “Juntos haremos historia”.

Claro, no estamos hablando de lo mismo, antes hubo un liderazgo fuerte, un partido unificado y una ciudadanía harta de los abusos de corrupción y sus escándalos políticos y hoy en el caso de Morena Sinaloa no existe un liderazgo fuerte, no existe partido y menos unificado además de que hay una ciudadana que vive entre el desconcierto y el malestar por lo que no sabemos cómo irá a reaccionar colectivamente el próximo 6 de junio; y,

Cinco, detrás de esta campaña está el malestar e inconformidad que ha dejado la alianza con el PAS y la ulterior designación de los candidatos a cargos de elección popular que ha provocado una ola de protestas, rupturas, mudanzas y que llevan a Rubén Rocha a depender más del factótum universitario que, dicho de paso, se sirvió con la cuchara grande ante la impotencia de lo que era la promesa de relevo generacional y de siglas políticas y ese personaje y sus intereses “que no me pidió nada” pero, que ahora, es el coordinador general de la campaña de gobernador.

Esto campaña sucia debe pararse ya. Sea por la seguridad de quienes hacen periodismo político o por mantener la competencia dentro de los causes establecidos. Sean estos los constitucionales y reglamentarios o los de la simple y llana civilidad política.

Eso obliga, en primer lugar, a que las autoridades estatales dejen a un lado su papel de simples observadores y hagan su de investigación con especialistas en delitos cibernéticos para detectar el origen y prevenir ataques de mayor calado a los sucedidos hasta hoy si no lo hacen incurren en faltas y también presumibles complicidades.

Los partidos y sus candidatos además deberían pronunciarse a favor de una elección de mayor calidad y en defensa de la libertad de expresión y el periodismo, seguir haciendo su trabajo e interponiendo denuncias cuando sea el caso ante la fiscalía y organismos de defensa de los periodistas cómo Artículo 19. Nunca más un nuevo Javier Valdés.

En definitiva, estamos ante una amenaza que, si bien no tiene precedente en otras contiendas, el perfil sofisticado de la presente supera con mucho lo anterior y eso obliga a estar a la altura preventiva del tamaño de los ataques selectivos a medios de comunicación y periodistas; a funcionarios y personalidades académicas.

¿Quién ataca al periodismo?

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