2023: AVANZAMOS A UNA AUTOCRACIA

 

2023: AVANZAMOS A UNA AUTOCRACIA

 

Ernesto Hernández Norzagaray

 

Cuando aparezca este texto publicado estaremos en el último jalón de lo que resta del año. Un buen momento para hacer una reflexión de lo que nos deja en términos políticos un año plagado de escándalos y ruido mediático que nos han mantenido distraídos de lo sustantivo. Aquello que se va configurando en medio del ruido, cuando el ruido, en política, es complicidad con lo que no vemos o, peor, no queremos ver, porque nos consumen las conveniencias o el fatigoso día a día.

Aunque si somos exigentes con el tiempo, podríamos decir que todo empezó en 2022, pero, lo terminamos viendo con más claridad en este año y se acelerara conforme se acerquen las elecciones concurrentes de 2024 porque veremos lo poderosas que son.

Me refiero a que detrás del ruido intermitente unas veces producto de la confrontación con los “alcaldes fundadores” relevados de sus cargos en medio de señalamientos de corrupción, impericia, grosería; otras, muchas, contra los compañeros de viaje pasistas en el proceso electoral de 2021 a quienes se les despidió sin darles las gracias por la campaña y el desempeño en la administración pública estatal; unas, más, silenciosas, pero no ausentes en la prensa, el proceso de cooptación de las alcaldesas pasistas de Mocorito, Cosalá, Rosario y Escuinapa y lo mismo a los diputados de esos municipios para fortalecer al partido en el gobierno.

Y sin duda, el affaire, que más tinta y saliva ha provocado es la persecución política del grupo universitario al que se le vincula con el Partido Sinaloense y todo indica, que se irá con el mismo fragor hasta el siguiente año; no menos relevante en términos mediáticos ha sido el segundo “culiacanazo” que sacudió al estado y se volvió noticia mundial por la detención de Ovidio Guzmán y, recientemente, la de su guardaespaldas Néstor Isidro Pérez,  “El Nini” encargado de los comandos que bloquearon la ciudad el 5 de enero de este año.

Así mismo, el conflicto con los pueblos indígenas ribereños de la bahía de Topolobampo, que han resistido con todo, los intentos gubernamentales, por convertir ese hábitat marino en la sede de una planta contaminante de fertilizantes agrícolas; igual, el ruido que ha provocado la lucha de los productores agrícolas que exigen la compra y un precio justo por los granos que se producen en el campo sinaloense y alimentan a los mexicanos

Y, por si fuera poco, está el choque contra los medios de comunicación y el periodismo al que se le fustiga desde el pulpito de la conferencia “semanera” y se les recuerda, constantemente, que es el gobierno el mayor comprador de publicidad por lo que si nos están de acuerdo con el proyecto 4T deben pasar con el secretario de gobierno a “ver lo de su convenio”; vamos, ni siquiera su partido ha estado exento de llamados discretos para alinearse en las decisiones del gobernador y no precisamente, en materia políticas públicas, sino en el tema de las candidaturas por lo pronto, las federales, y las de alcaldías estratégicas del estado.

Si bien el ejercicio de gobierno es tensión permanente por la administración de recursos escasos y la gran demanda social de empleo, servicios públicos, apoyos por catástrofes naturales, seguridad, lo cierto es que detrás de este aparente caos en la relación del gobernante con los gobernados, hay una lógica que corre paralela y que se manifiesta en una paulatina captura de las instituciones públicas.

La primera fue aquella democrática que vino acompañada de los votos que redituaron a Morena diecisiete diputados más los de sus aliados electorales y coyunturales (PAS, Verde, PT) alcanzaron la mayoría calificada de veintisiete de los cuarenta legisladores y, continúo, con la incorporación al gabinete de Enrique Inzunza, entonces presidente del Supremo Tribunal de Justicia, y de Sara Bruna Quiñonez, como fiscal general del Estado que permite que todo fluya en el Poder Judicial.

Suma, además, las alcaldías de Culiacán y Mazatlán, que las ganó Morena con sus aliados, pero sus ediles reelectos no estaban alineados al gobernador y pasaron para no pocos sinaloenses por medios poco escrupulosos a manos de dos ahijados políticos. Y seguiría así, con el paulatino desplazamiento del poder estatal y municipal de los miembros del Partido Sinaloense.

Con estas capturas y desplazamientos, lo que tenemos es que paulatinamente se va dando una gran concentración de poder en un gobernador que no tiene contrapesos porque, incluso, atrajo a los diputados del PRI, PAN y MC, de manera que el PRI, de tener ocho diputados solo tiene uno; el PAN de tener dos no tiene ninguno y MC de tener uno lo ha perdido.

Hoy, el Congreso del Estado, tiene tres fracciones: Morena, PAS y el llamado Grupo Plural, donde están ex priistas, expanistas y la ex emecista. El PRI y el PT al tener solo un diputado cada uno no pintan como fracción.

Entonces, la única institución que sirve hoy como contrapeso al proceso de autocratización, y no porque se lo haya propuesto, sino, porque le cayó, en el intento de captura a través de la armonización de la Ley General de Educación Superior. Se trata de la Universidad Autónoma de Sinaloa que resiste a ser capturada y por ello, moviliza, constantemente, a sus miembros que hay que verlo en clave de sus fines e indirectamente los de la sociedad.

Si, porque en los hechos, una rendición o sometimiento, representaría el colofón de convertir nuestra democracia en una autocracia, es decir, el poder de un solo hombre, un sentir, una visión que representaría la culminación de un retroceso político de más de 40 años.

Y eso, es el resultado de un proyecto político del obradorismo.  En Sinaloa ha sido rápido y exitoso pues en menos de dos años el gobernador ha logrado quedarse sin contrapesos. Y es que, con mayor o menor visibilidad, los actores sociales y políticos, han estado acríticamente detrás de la agenda del gobernador y en algunos casos, demócratas de toda la vida, que, con su falta de lectura política, silencio, indiferencia o conveniencias han sacrificado su identidad para evitar que el estado se quede sin contrapesos.

Así intelectuales, periodistas, políticos y la robusta opinocracia, vemos como se pierden en la minucia de los días y las horas, para dejar de ver lo que realmente importa, cuando tiene que ver con la vigencia democrática y las libertades públicas. Las que muchos de ellos le reclaman al presidente López Obrador, pero no a Rocha Moya. Y en el fondo es lo que estará en juego en las elecciones concurrentes dentro de seis meses y días. Al tiempo.

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