LA FIL Y LAS LETRAS SINALOENSES
LA FIL Y LAS LETRAS
SINALOENSES
A Pepe Franco
Se le extrañó a Javier Valdés, un
año más, la FIL, sin él.
Su última aparición fue en 2016
cuando presentó su libro Narcoperiodismo (Aguilar) con la valiosa presencia y los
mejores comentarios de Lydia Cacho sobre su obra. Esa noche conoció a un Javier
al que las presentaciones siempre lo ponían nervioso, cómo lo recordó recientemente
Griselda Triana, su compañera de vida, cuando tenía que estar en esas
coordenadas emotivas de las ferias de los libros.
Luego vendría el artero ataque
que le quitó la vida y sus sueños la mañana del 15 de mayo de 2017 y aquel día
siniestro Sinaloa prácticamente perdió un asiento privilegiado en la feria del libro
más importante de América latina y, según los que saben, la segunda más
importante del mundo, luego, de la de Frankfurt, que no ha podido recuperar con
un escritor de su talla y carisma.
Hay, quienes dirán, que ahí están
también la presencia y los libros de Elmer Mendoza que, sin duda, es valiosa, pero
nunca ha alcanzado los niveles de interés y venta que tuvieron las obras del fundador
del semanario Riodoce.
Incluso, Elmer Mendoza, me parece
que también en 2016, dijo, en la presentación de una de sus últimas novelas que
había sufrido un infarto y tenía dificultades para cumplir con el libro que
cada año estaba obligado a entregar a su editorial y prueba de ello, es que su
productividad ha venido a menos incluso está buscando nuevos horizontes.
Entonces, si ya no tenemos a
Javier Valdés y Elmer Mendoza, está disminuido físicamente, para producir, como
en otro tiempo, los sinaloenses estamos huérfanos de presencia de figuras
académicas y literarias de impacto nacional o, pregunto, será que en nuestro
estado además de las dificultades para crear figuras que en otro tiempo también
llenaron César López Cuadras (QDEP) y
Juan José Rodríguez, oscilamos, entre el burocratismo, la simulación y las
camarillas que capturan los presupuestos para hacer turismo literario. Ahí están,
como ejemplo, los viajes de los funcionarios de la UAS, que van a Frankfurt,
para presentar la pobreza editorial de nuestra máxima casa de estudios.
Cualquiera que sea la respuesta en
materia de temas literarios, como en política, no hay vacíos, alguien habló en
la FIL por nosotros hablo del lado oscuro humano y del estigma sinaloense que explotaba
Javier, cómo ningún otro, a través de un realismo ácido y el testimonio estremecedor
de las víctimas del crimen organizado
Y fue la periodista Anabel
Hernández, quien presentó en la FIL el libro Emma Coronel y las otras señoras
del narco (Grijalbo) quizá, el más esperado de la feria tapatía, y la que habló
de Sinaloa a través de dos mujeres de triste memoria, como son la exdiputada cosalteca
Lucero Guadalupe Sánchez, vinculada al Cártel de Sinaloa, y la esposa de Joaquín
El Chapo Guzmán, Emma Coronel.
Anabel, para que no hubiera
ninguna duda, del papel del papel de estas mujeres sinaloenses, abrió la
presentación con una serie de fragmentos de videos donde ambas en distintas
circunstancias y lugares negaron conocimiento, relación o vínculo con el líder del
Cártel de Sinaloa y los exhibió para demostrar que, no sólo son ellas, sino
muchas otras, entre ellas las espectaculares Ninel Conde y Galilea Montijo que
han dicho que demandaran a la autora del libro más vendido en estos momentos.
Seguro sus asesores jurídicos ven en las demandas una veta de oro que terminará
empeorando para ellas y que Anabel, en su exposición, se encargó de recordar cómo
habían terminado los que por otras obras igualmente habían amenazado con
demandarla y hoy están en prisión.
Hoy, las sinaloenses están en prisiones
estadounidenses purgando penas corporales de la misma manera que Joaquín El
Chapo Guzmán lo hace a perpetuidad en un penal de alta seguridad en el estado
de Colorado.
Pero volvamos a la feria. Se dirá
correctamente que la UAS tuvo un stand durante la feria, cómo lo hace de forma
rutinaria y menor en todas las ediciones de la FIL y, muchos de sus títulos, sorprendentemente
son libros muy desactualizados, técnicos o de autores extranjeros, lo que
muestra, la poca producción, distribución y promoción de libros de los autores sinaloenses
que seguramente son mucho más de los que lleva en su stock bibliográfico.
El resto de las instituciones
universitarias o el mismo Colegio de Sinaloa, no aparecen como si sucede con otras
instituciones académicas que ofrecen sus obras al público y eso debería llevar
a revisar lo que se está haciendo en materia editorial para estar al menos a la
par de otros estados e instituciones que hacen un mayor esfuerzo por ganar
visibilidad.
Este año, hasta donde logró ver,
no hubo un solo sinaloense presentando una novedad y no porque no haya habido,
basta como ejemplo el libro colectivo que coordinamos Guillermo Ibarra y quien
escribe, bajo el título Los grandes problemas de Sinaloa, bajo el sello
de la prestigiada editorial Tirant lo Blanch, el Gobierno del Estado y la UPES,
que estuvo ahí, pero sin que nadie se interesara en hacerlo visible.
Bien, ha reclamado airadamente Alfonso
Orejel, el organizador de la Feria del Libro de Los Mochis, que en el discurso
inaugural de este significativo evento que llega a su XX edición y frente a las
nuevas autoridades culturales del estado, dejó la pegatina de “Acciones, no
palabras”, cómo un claro recordatorio de que los funcionarios frecuentemente se
enjuagan la boca con discursos sobre la importancia de los libros y la lectura
y a la hora, de la verdad, se les va el tiempo pronunciando discursos como
discos rayados cómo sucedió con la administración municipal de Billy Chapman.
Y, qué decir de la feria del
libro de Mazatlán, que ha pasado a mejor vida desde que la UAS la financiaba y
que Héctor Melesio Cuén en acuerdo con el entonces alcalde, Alejandro Higuera,
hoy dos flamantes funcionarios de primer nivel del gobierno de Rubén Rocha, decidieron
arrebatársela a José Luis Franco y sus amigos para llevarla desde la Plazuela
Machado al Polideportivo de la UAS donde ha pasado sin pena, ni gloria, ante la
diferencia del ISIC y las autoridades municipales que no han podido levantar
cabeza con la propia cuando la de Pepe Franco ya tenía un lugar visible entre
las ferias de libros.
Entonces, que lo mejor de las
ciencias y las letras de Sinaloa, no haya estado en la FIL, deja entrever que
algo está podrido y que es importante remediarlo para pasar del dicho al hecho,
y no veamos un nuevo periodista, o escritor, que continúe en los niveles
alcanzados por Javier, Elmer y César, y persista la narrativa narca aunque, claro,
sirvió ir a la FIL para recordar el paso de Javier Valdés por estos pasillos anchos
y hermosos de la Expo Guadalajara que recibe cada año a los autorxs y sus
libros.
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