TIEMPOS DE PRAGMATISMO


 

¡Está vez, no me equivoco, iré con el que tenga más posibilidades de ganar!, habría respondido Héctor Melesio Cuén Ojeda, dirigente vitalicio del Partido Sinaloense, a alguien de sus confianzas cuando le pregunto si iría con el PRI o con Morena, en los próximos comicios concurrentes, que se intuye con que hasta ahora el ex rector de la UAS no tenga una definición y es que está a la espera de que definan los potenciales aliados.

Si ese es el sentir del líder de un partido personalizado, suena lógico, pues en este tipo de formaciones políticas es quien decide todo lo que a su buen entender sirve a su proyecto. No quiere equivocarse para no volver a estar con los perdedores. Duele y mucho más el sentimiento de derrota cuando su proyecto le hace mucha ilusión y trabaja afanosamente. Quizá, en su respuesta y espera, esté presente las alianzas electorales fallidas de 2016 y 2018, las que no le permitieron ser Gobernador, ni Senador de la República, que se quedó solo con un escaño local y retrocedió hasta convertirse en presencia testimonial de lo que alguna vez pensó sería el partido de los universitarios y que terminó siendo una Universidad partido.

Cuén Ojeda es perseverante, las derrotas no han debilitado su ánimo, sino lo han fortalecido como buen deportista qué es, y va a la siguiente contienda, con bríos renovados y para ello la pandemia no ha sido obstáculo, sino un incentivo para aparecer ayudando a los más desvalidos del estado. Visitando las clientelas y entregando barbijos y ayudas con el sello de su partido y muy cuidadoso de no culpar, por lo pronto, a sus potenciales aliados.

Ahora, con esa prudencia que da el tiempo, sólo buscará que con quien se alíe -porque sin duda lo hará- le garantice las mayores probabilidades de triunfo al candidato a gobernador o gobernadora y, de ahí para abajo, en caso de ganar, un buen beneficio de cargos en el gobierno, y si fuera una alianza completa, diputados federales y locales, alcaldes, regidores y síndicos procuradores (¿porque no?)

Sabe que el pastel, aunque compartido, es grande, ya lo probó en 2016, cuándo su partido obtuvo seis diputados de RP y “gobernó” algunas alcaldías rurales con candidatos que el PRI no postuló (Mocorito y Cosalá) lo que le permitió tener su mayor número de regidores incluso, recordemos, que el 26% de los votos obtenidos como candidato a gobernador lo llevó a decir que iría en cogobierno con Quirino Ordaz, lo que evidentemente no ocurrió, más allá del apoyo de su partido a algunas iniciativas del gobernador y cuando vino el tsunami obradorista el líder quedó desnudo esperando que el tiempo reconstruyera lo perdido.

Es conocido que Héctor Melesio negocia a dos bandas, pero no solo él. Con el gobernador Quirino Ordaz y el senador Rubén Rocha. En esa lógica pragmática va primero con Rocha no por cuestiones universitarias o de paisanaje, sino por simple cálculo político, sabe que el candidato y la marca Morena están arriba en las preferencias potenciales, que hay un voto inercial, ideológico, que puede hacer la diferencia en las próximas elecciones. Y lo peor que pueda suceder a este proyecto es que Rocha Moya no sea el candidato a gobernador de Morena. Que se le cruce la candidatura de género o qué AMLO opte de último momento por otro.

Héctor Melesio, ha declarado a la prensa que el negocia con Rocha Moya, no con Morena, y eso significa que de no ser este el candidato no iría con quien resulte vencedor en la encuesta morenista porque quizá sería más difícil la negociación o porque fuera del exrector el resto de los aspirantes en su lógica no parece tener posibilidades para ganar la elección constitucional por muy bien que este posicionada la marca electoral. Y en ese razonamiento, va a apoyar muy probablemente al candidato del gobernador, por eso se mantiene el silencio y no deja de conversar con el gobernador sobre una eventual alianza total con el PRI.

Sin embargo, con el PRI sus posibilidades dependen de lo que resulte de un doble escenario: Una, donde “el mayor activo del PRI es el gobernador”, diría Jesús Aguilar Padilla y la otra que el PRI, de última hora vaya en alianza con el PAN y el PRD, cómo ya se estructuraron las candidaturas comunes para gobernador en Baja California, Michoacán y Sonora.

El primer escenario es el ideal para Héctor Melesio, si hace una buena negociación podría cumplir un viejo anhelo, ganar por fin una elección de gobernador y crear condiciones para su idílico cogobierno PRI-PAS, en cambio, en el segundo escenario, si se suma a la alianza interpartidaria, en caso de triunfo su partido sería uno más en el reparto que representaría una campaña esencialmente antiAMLO.

Y en este escenario, Cuén Ojeda podría perder ganando ya que intervendrían variables extrapartidarias, concretamente la espada de Damocles que pende sobre la UAS, y que podría activarse con todo su filo, como viene sucediendo con quienes se atreven a desafiar la continuidad del gobierno de la 4T, por lo que Cuén Ojeda, debería considerarlo en un cálculo racional de costo beneficio quizá por eso no descarta ir solo “porque cuando hemos ido solos, nos ha ido mejor”.

No quiere volver a perder y tendría razón porque a estas alturas de la vida las derrotas duelen más, cuándo pensó en algún momento que el proyecto político que arrancó con su rectorado de la UAS habría de alcanzar posiciones locales y federales y la gubernatura en 2016. Pero, las derrotas, terminan por hacer al político más modesto en sus pretensiones y solo quiere una parte del pastel, seguir siendo el partido bisagra que ha sido aun con sus malos resultados electorales para sus aliados.

Y, como me lo decía un operador del PRI, quiere venderse caro, cómo siempre, ofreciendo cientos de miles de votos, y los compradores, aunque lo necesiten, se resisten a pagar más de lo que vale. Ofreciendo la conservación del poder que tiene en la UAS y que comparte ahora con Juan Eulogio Guerra. Aunque en estos tiempos de cambio ni eso, porque nadie se lo puede asegurar. Ni siquiera Rocha Moya que aun siendo el presidente de la Comisión de Educación del Senado de la República no está en condiciones de evitar, cómo parece venir, un ajuste financiero y político en las instituciones públicas de educación superior y especialmente aquellas que son consideradas opacas en la administración de los recursos públicos y donde varios de sus funcionarios se han convertido en nuevos ricos.

En definitiva, el “esta vez no me equivocó”, está en el aire y el resultado es incierto, sea ganando o perdiendo.

 ¡Al tiempo!

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