LA CONTRACCIÓN DE LA CLASE MEDIA

 

LA CONTRACCIÓN DE LA CLASE MEDIA

 

 

“La clase media es el orgullo de la revolución”, fue una expresión muy recurrente durante los gobiernos del llamado nacionalismo revolucionario porque significaba el indicador de éxito de sus gobiernos.

Sin embargo, llegó 1968 y ese orgullo. se transformó en un lastre, porque los estudiantes salieron a la calle a reclamar libertades políticas y, entonces, al segmento más educado de la población se le persiguió, encarceló, asesinó.

Esa suerte de “traición” de la clase media a los postulados de la revolución enrareció la atmosfera y provocó un doble movimiento histórico: Por un lado, dio inició a la sangrienta “guerra sucia”, contra quienes habían llegado a la conclusión de que la vía cívica estaba cancelada y decidieron, tomar las armas, para luchar contra el “Estado represor”.

Y, el otro movimiento, empezó en el gobierno de Luis Echeverría, quien liberó a quienes habían cometido delitos de “disolución social” y empezó, una tibia reforma política, destinada a canalizar el descontento de las clases medias radicalizadas hacia la formación de nuevos partidos políticos y, de esa manera, la llamada “apertura democrática” abrió un cauce para las reformas democráticas que empezarían a finales de los años setenta y determinaría nuestra vía democrática.

La clase media desde entonces se convirtió en el pilar de los cambios políticos y factor indispensable, para explicar los procesos de alternancia política, en las siguientes tres décadas hasta llegar a 2018 cuándo el lopezobradorismo gana las elecciones y, con ello, la certeza de que la generación del 68 había triunfado y vendrían los cambios largamente esperados entre ellos una mayor democratización y distribución del ingreso que traería un incremento de este segmento social.

Es por eso que cobra relevancia el informe que acaba de presentar el INEGI, bajo el titulo “Cuantificación de la clase media en México, 2010-2020”, que revela lo que ha sucedido con ella y probablemente no deben haber gustado en el primer círculo de gobierno porque implícitamente pone en entredicho su desempeño distributivo cuando 6.2 millones de mexicanos, que hasta 2018, se encontraban en el estatus de clase media y dejaron de estarlo para bajar a la llamada clase baja -qué, ojo, no significa pobre en los términos que define Coneval, sino, es un indicador más ligado a la caída del ingreso per cápita.

O, más claro, en 2018, cuando AMLO llega al gobierno existían 53 millones 472 mil 152 miembros de la clase media y a vuelta de 2020, este segmento de la población se había reducido a 47 millones 201 mil 616 personas, lo que significa que 6 millones 270 mil 536 personas habían descendido en la escala social.

Cierto, estamos hablando de los dos primeros años de gobierno de López Obrador y del año en que estalló la pandemia del Covid-19, que paralizó la actividad económica y con ello vino los cierres de empresas y los despidos de millones de trabajadores o para conservar el empleo, muchos, aceptaron una reducción de sus salarios y prestaciones.

Pero, esa es una parte de la explicación, la otra tiene que ver, con la ausencia de políticas públicas consistentes destinadas a apoyar a las PYMES para mantenerlas a flote cuando son las más demandantes de mano de obra y eso terminó, por dar la puntilla, a quienes hasta el último momento intentaron sobrevivir a la calamidad económica del Covid-19.

Esto provocó un cambio en el mercado laboral producto de un proceso de concentración en la actividad económica. Aquellas empresas que pudieron sobrevivir ajustándose a las nuevas condiciones del mercado o mejor, a las que les quedaron mayores márgenes de actuación, son las que hoy dominan los mercados. Basta ver el incremento de ventas que tuvieron las grandes empresas internacionales (Sam´s, Wallmart, Cotsco) para dimensionar este proceso de concentración del mercado.

Muy, probablemente, estas cifras alarmantes, que descalifican el desempeño del gobierno lopezobradorista, varíen en el siguiente informe de INEGI, cuando incluya 2021, porque en los últimos meses ha habido una reactivación del mercado interno y, sobre todo, porque muchas familias reciben beneficios de los programas sociales o han sostenido su nivel de vida gracias a las remesas multimillonarias que han estado llegando al país en forma de apoyo a las familias.

Sin embargo, está demostrado, que la fortaleza de un país radica en la generación de empleos con ingresos que permitan ya sea salir de un estado de pobreza o mantenerse como parte de la clase media que resulta cada día más difícil con una inflación en ascenso del 7% hasta octubre de este año.

Y lo que indican las cifras del INEGI, es que los pobres, no han subido en la escala social, sino lo contrario, pues es el único segmento social que ha crecido en el periodo de estudio. O sea, el sueño de la generación del 68, de que, a través de la educación, aumentaría la clase media al menos tendrán que esperar un mejor momento para ver cumplido ese sueño de tintes socialdemócrata.

Lo sorprendente es que este proceso de pauperización ha provocado una mayor desigualdad entre quienes tienen mucho y los que no tienen nada, es que no sólo segmenta entre unos y otros, sino afirma las diferencias entre los varios México que, según los datos de INEGI, hay estados donde más del 50% de su población se ubica en la clase media, mientras, están, otros, que escasamente alcanzan un 20 o 30% de su población.

Seguramente una parte de esa clase media que ha bajado en la escala social y que resiste para conservar su estatus, es la que votó en contra de Morena en la Ciudad de México y en otros centros urbanos del país, son los conversos que están de nuevo votando por el PAN y el PRI, mientras los pobres, que están registrados en los programas sociales, son los que crecientemente están votando por Morena.

Pero, en esto si bien hay una lógica clientelar, que captura a franjas del electorado, la expectativa de aumentar aquel “orgullo de la revolución mexicana” provoca todo lo contrario, cuando vemos diversas expresiones contra la clase media, a la que el presidente innecesariamente acusa de ser más susceptible a las campañas propagandistas contra el gobierno de la 4T. O, la crítica severa, contra los jóvenes “aspiracionistas”, los científicos “corruptos” de Conacyt o la andanada contra los privilegiados de la UNAM.

En definitiva, los mensajes desde Palacio Nacional, no parecen corresponder a alguien que le preocupe el proceso de pauperización de las clases medias, sino su ADN rebelde, que en democracia podría significar que los “privilegiados” del régimen tienden a no votar al proyecto político del presidente cuando la tarea debería estar dirigida a renovar ese orgullo que era parte recurrente en el relato del mito fundacional de la Revolución de 1910-1917, no vaya a ser que está contracción de las clases medias, termine provocando un nuevo 68 porque ahí, recordemos, las clases medias, perfilaron, lo que hoy somos como sociedad.

Y es que como diría Cantinflas: No se trata de que todos seamos pobres, si no todos ricos.

 

 

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